
La industria eólica marina está cerca de traspasar la línea roja: costos disparados, proyectos cancelados y metas incumplidas. Descubre la crisis que está afectando a este sector clave para el futuro energético
A lo largo de los últimos años, el sector de la energía eólica marina, esa gran promesa verde que se suponía revolucionaría el futuro de la energía limpia, ha ido dejando de lado sus ambiciosas metas para caer en la realidad del desajuste económico y las inversiones escasas. Después de un año repleto de proyectos cancelados, aerogeneradores rotos y subastas de licencias abandonadas, la industria global de la eólica marina se enfrenta a un horizonte cada vez más oscuro. Y si bien China sigue siendo la excepción (y no porque tenga la solución perfecta, sino porque tiene un mercado cerrado con unas reglas propias), el resto del mundo se enfrenta a una amarga realidad.
La agencia de noticias Reuters habló con 12 compañías dedicadas a la energía eólica marina, investigadores del sector, asociaciones comerciales y funcionarios gubernamentales de seis países, la industria está en números rojos. La causa: costos disparados, retrasos en los proyectos y una inversión en la cadena de suministro que ni siquiera se acerca a las necesidades. Las promesas de los gobiernos, esas metas tan altisonantes de alcanzar los 500 GW de capacidad para 2030, parecen tan realistas como un buen guion de Hollywood, pero la verdad es que no hay forma de alcanzarlas.
El panorama es claro: estamos a años luz de alcanzar esas metas globales. Soren Lassen, responsable de investigación sobre energía eólica marina de la consultora Wood Mackenzie, fue directo en su diagnóstico: “Estamos bastante lejos de esos objetivos”. El coste promedio global de los parques eólicos marinos ha subido como la espuma. Hoy, según la propia industria, se sitúa en los 230 dólares por megavatio-hora (MWh), un incremento de hasta un 40% en los últimos dos años. Comparado con los 75 dólares/MWh de la energía eólica terrestre, esto es un escándalo económico.
El coste promedio global de los parques eólicos marinos ha subido como la espuma. Hoy, según la propia industria, se sitúa en los 230 dólares por megavatio-hora (MWh), un incremento de hasta un 40% en los últimos dos años
Como era de esperar, los grandes actores del mercado están reculando ante estas cifras. BP, por ejemplo, está considerando vender su participación en su negocio de eólica marina, mientras que Equinor ya ha abandonado proyectos en Vietnam, España y Portugal. Por si esto fuera poco, GE Vernova, uno de los mayores proveedores de aerogeneradores del mundo, ha dejado de aceptar nuevos pedidos, un claro reflejo de lo que está ocurriendo con la economía de este sector.
El miedo que recorre a las grandes empresas es palpable. Scott Strazik, CEO de GE Vernova, lo expresó sin tapujos: “No vemos cómo vamos a añadir nuevos proyectos sin que la economía de la industria cambie sustancialmente”. La pregunta ahora es si los gobiernos podrán o sabrán impulsar el sector sin que se ahogue antes.
Los gobiernos, siempre con sus objetivos grandilocuentes, han fijado metas como si el viento fuera algo que se puede controlar a voluntad. En 2021, Estados Unidos se marcó un objetivo de 30 gigavatios de energía eólica marina para 2030. ¿Realidad? Menos de 200 megavatios estaban en funcionamiento a mayo de este año. La administración de Biden emitió permisos para proyectos de hasta 15 GW, pero el futuro de la energía eólica marina en los EE.UU. está siendo sacudido por la incertidumbre política y el miedo a que la administración de Donald Trump, en caso de que regrese, elimine cualquier atisbo de progreso. Ya Michael Mueller, director financiero de RWE, lo dijo claro: “Vemos mayores riesgos que antes para la implementación de los proyectos de eólica marina en EE.UU.”.
Rystad Energy, una firma de investigación energética, ha sido aún más directa en su pronóstico: Estados Unidos no alcanzará ni la mitad de su objetivo para 2030. Y lo peor es que esta situación no parece tener una solución fácil, independientemente de quién ocupe la Casa Blanca.
Si en América las cosas pintan mal, en Europa la situación no es mucho mejor. Con países como el Reino Unido, Alemania y los Países Bajos encabezando las metas de energía eólica marina, la perspectiva es más bien sombría. Según Petra Manuel, analista de Rystad, estos países lograrán entre el 60% y el 70% de sus objetivos. Pero no se engañen, los países con metas más pequeñas como Bélgica, Dinamarca o Irlanda tampoco alcanzarán las expectativas. Y eso que la Unión Europea en su conjunto se había comprometido a alcanzar 120 GW en el Mar del Norte para 2030, pero según la Asociación de Energía Eólica WindEurope, se quedarán en unos humildes 54 GW.
Incluso el Reino Unido, el segundo mayor mercado de energía eólica marina después de China, se está alejando de su meta de 60 GW para 2030. A pesar de que en septiembre realizaron una subasta bien financiada que añadió 4,9 GW de capacidad, el ritmo de las subastas necesitaría un aumento radical para acercarse al objetivo. Damien Zachlod, director de EnBW Generation UK, ha sido claro: “Será muy, muy difícil, y no alcanzaremos el objetivo para 2030”.
Mientras tanto, China, ese país del que tanto se habla y poco se entiende, sigue avanzando imparable. En 2022, China ya se coronaba como el líder global de la energía eólica marina, y en 2023 no hizo más que afianzar su dominio. En ese año, el gigante asiático instaló más de la mitad de los proyectos eólicos marinos globales, con 6,3 GW, y la Global Wind Energy Council estima que para 2025, China instalará entre 11 y 16 GW anuales. Mientras tanto, los países de Europa y América se retuercen ante los costos, China parece estar en una liga aparte. ¿Cómo lo hacen? Con subsidios masivos y una industria local que hace todo lo posible por abaratar costes, desde los componentes hasta la mano de obra.
China, que se coronó como el líder global de la energía eólica marina en 2022, ha instalado más de la mitad de los proyectos eólicos marinos globales en 2023, con 6,3 GW
No obstante, el resto del mundo sigue pensando que importar equipo barato de China es la solución. Los gobiernos de Europa, Japón y Estados Unidos, sin embargo, han comenzado a presionar para fomentar la producción local, aunque el mercado chino sigue siendo el motor principal. Mientras tanto, países asiáticos como Japón, Vietnam, Taiwán y Corea del Sur intentan dar el salto al mercado eólico marino, pero sus esfuerzos se ven limitados por las altísimas tarifas y la incertidumbre regulatoria.
La industria eólica marina, que nació con la promesa de ser la solución a muchos de los problemas energéticos del planeta, está al borde de la implosión. Las promesas de una energía limpia y barata se desvanecen mientras los costos siguen subiendo y los plazos de entrega se alargan. Los gobiernos del mundo siguen lanzando metas imposibles, sabedores de que las energías renovables son el futuro, pero incapaces de superar las contradicciones que frenan su expansión.
El futuro del sector parece cada vez más incierto, y aunque algunos lo nieguen, la posibilidad de que las metas globales de energía eólica marina queden como simples promesas rotas es cada vez más real. Como siempre, la política, los intereses económicos y las presiones del mercado están en la raíz de este fracaso anunciado. En resumen, el viento está soplando fuerte, pero no para todos.
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