
Cee, costa de ballenas: factoría fantasma, rorcuales varados, arte urbano y bioluminiscencia para una Galicia crítica e inolvidable. De factoría a mirador: Cee revive su pasado ballenero con arte, libros, lanchas y noches bajo un mar que brilla.
La villa de Cee presume de su apodo, vila das Baleas (pueblo de ballenas), convencida de que su nombre remite al latín cetus. Pero, atención: en 2014, los lingüistas del Proxecto Gaelaico plantaron una duda razonable: quizá venga de cé, “embarcadero” en gaélico. Suena menos poético, pero más plausible… y menos épico para Instagram.
Cee no era una factoría cualquiera: entre 1924 y 1985 se descuartizaron exactamente 9.300 cetáceos en Caneliñas. En aquel 21 de octubre de 1985, llegó remolcado un rorcual común de 17,70 metros, marcando el final de una era ballenera, justo cuando la moratoria internacional lo prohibía. Un cierre seco, triste y definitivo para un negocio con raíces milenarias.
A pocos kilómetros de Cee, en Ameixenda, yacen los restos de Caneliñas, la última factoría ballenera de España (y Europa, según paneles de 2024). Allí se exhiben viejas fotos en blanco y negro, cañones de 90 mm que disparaban arpones de 80 kg y 170 cm, zodiacs de Greenpeace dando guerra y un técnico nipón enseñando a cortar la carne “como les gusta” a los japoneses—que siguen pagando jugosos 2.400 €/kg por la mejor cola (onomi). El humor negro no hace falta: los números hablan por sí solos.
“La última boqueada de Caneliñas fue un rorcual de 17,70 metros el 21 de octubre de 1985: el cierre seco de una era ballenera.”
Las dos rampas de izado, vieja y nueva, con casetas para evitar cables que cortaban cuerpos como alambre, son el mejor símbolo de un pasado peligroso. Junto al muelle, un almacén de guano—como si fertilizáramos el horror—recordando que todo de la ballena se aprovechaba: aceite, carne, hígado (rica en vitamina A), huesos y hasta guano residual. A 40 m, la caseta del polvorín, por si la ballena, en su agonía, embestía el barco de acero. No era cine, era supervivencia.
Josefina Outes, veinte años trabajando con cuchillo en mano, hoy riega plantas con sombrero ajado, pero en las fotos de hace medio siglo lleva camiseta ceñida y pañuelo pirata. Su mirada, más sabia que nostálgica. Cerca, el hotel A Ballenera reniega del pasado en silencio, aunque sus habitaciones se llaman Temerario, Lobeiro y Carrumeiro, y el logo es una ballena sonriente con sarcasmo pasivo.
Caneliñas está despoblado salvo por funcionarios preparando un centro de interpretación para 2027. Mientras tanto, el esqueleto de un rorcual de 17 metros, varado en Ponteceso el 19 de enero de 2019 (un día después de otro en Bueu), ya está contemplado como atracción futura.
El mirador de Gures, a 800 m, ofrece vistas intensas: al este, la salvaje playa de Gures, la ensenada de Ézaro y el monte Pindo (el Monte Sagrado, el “Olimpo de los Celtas”), el río Xallas que cae al mar en cascada. Al oeste, se ve Caneliñas, Fisterra y la ría de Corcubión, hasta llegar a Cee: el lugar donde siguen latiendo las ballenas y quienes las vivieron.
El paseo por Cee no es aburrido: hay ballenas pintadas y esculpidas por doquier. En la Casa da Cultura, las labradas por Xosé Iglesias rondan un faro blanquirrojo; en la plaza del mercado otras tres observan niños jugar; y una cola de bronce de una tonelada emerge desde una fuente. En la rúa da Escola, un mural de Diego As muestra rorcuales girando en azul —recordando su mural de Julio César en Lugo, premiado como el mejor del mundo en 2021.
“En Cee, los barcos se transforman en calamares y las ballenas regresan al cielo, literales y metafóricas.”
En Ler Librerías puedes comprar Nao cetácea y Nación mar, de Xosé Iglesias, donde barcos se metamorfosean en calamares, cachalotes y más—el artista, además, planea paseos turísticos en barco. También está Chimán, de Alex Aguilar, que trabajó de joven en Caneliñas y hoy es catedrático en Barcelona. Ideal para leer en la cafetería del Hotel La Marina, entre peregrinos que ni sospechan lo que fueron las ballenas gallegas.
David Trillo, marino mercante, ofrece salidas en su lancha de seis metros (Naviera Jalisia): un paseo con nombre literario —Robinson da Lobeira— para visitar las islas Lobeiras, tan solitarias que en invierno solo un surfista extremo las aguantaría. Luego puedes acercarte a la cascada de Ézaro o navegar hacia el oeste cinco kilómetros para ver ballenas. Y por la noche, nadar bajo el mar de Ardora, luces vivientes gracias a Noctiluca scintillans, o contemplar la constelación de Cetus, La Ballena, en el firmamento celeste. No está mal para un paseo nocturno, ¿no?
Si quieres algo más convencional, Lires te espera: aldea cuqui llena de hórreos y señales de peregrinos. “Mal no comen” dicen. Los moderados devoran rollitos de calabacín en LiresCa; los héroes hambrientos se zampan un chuletón XXL o lubina en As Eiras. Luego, paseo de 15 minutos por la ría —la más pequeña y coqueta de Galicia—, o bien quedarse en la terraza del Bar Playa de Lires para ver cómo el sol se hunde en el Atlántico, y si tienes suerte, cómo aparece La Ballena en el otro mar.
Imagen principal | Mural de Diego As en la rúa da Escola de Cee. ANDRES CAMPOS
Haz que tus productos y servicios sean visibles para quienes valoran el cuidado del planeta, conecta con nuevas empresas y consumidores responsables mostrando el compromiso ecológico de tu negocio. Contribuyamos juntos a un entorno más saludable y próspero para las próximas generaciones

Nuevo Estatuto de la AEMET: más ciencia, menos burocracia y un papel clave ante el cambio climático en España. La AEMET se…

La Ludwigia grandiflora avanza en Madrid y amenaza la Casa de Campo. Así funciona esta invasión silenciosa. Una planta invasora pone en…

Startup española convierte el plástico del Mediterráneo en productos industriales y ya ha retirado un millón de toneladas. Gravity Wave recicla redes…

Cee, costa de ballenas: factoría fantasma, rorcuales varados, arte urbano y bioluminiscencia para una Galicia crítica e inolvidable. De factoría a mirador:…

España supera los 47.000 puntos de recarga eléctrica, pero ¿es suficiente para impulsar la movilidad sostenible? Aumentan los cargadores rápidos en España,…