
EL ‘PARADIGMA DE LA COMPLEJIDAD’ Y POR QUÉ SEGUIMOS DESTRUYENDO EL PLANETA
El mundo, dicen, ha despertado. Después de siglos de jugar a ser dioses sobre una naturaleza a la que hemos domado a golpe de cemento, pesticidas y CO2, ahora resulta que hay que andar con cuidado. La clave para entender este nuevo postureo ambiental es el llamado «paradigma de la complejidad«, que básicamente consiste en recordar que todo está conectado, y que nuestras intervenciones en la naturaleza, si no son cuidadosas, pueden desatar un caos global. Porque claro, el planeta no funciona por partes. Cuando una sociedad se cree inmortal y actúa solo en busca de beneficios inmediatos, rompe el equilibrio que mantiene en pie esta enorme máquina de sistemas vivos. El clima es el ejemplo más claro: mientras nos preocupamos solo por el próximo trimestre económico, la Tierra pierde su capacidad de absorber el CO2 que lanzamos a la atmósfera.
La Tierra pierde su capacidad de absorber el CO2 que lanzamos a la atmósfera
Un estudio del CSIC mostró cómo el cambio climático ha disminuido la absorción de CO2 en el Atlántico subpolar entre 1990 y 2006. Un sistema oceánico que antes ayudaba a mitigar nuestros excesos ahora está reventado y contribuye al efecto invernadero. Los investigadores del proyecto CATARINA, dedicados a analizar estos efectos en el océano, señalan una realidad incómoda: nuestras acciones han desbordado la capacidad de los océanos para mantener el equilibrio climático.
Hace tiempo, en 1987, alguien tuvo una revelación y la plasmó en el Informe Brundtland (PDF), dándonos una receta de tres ingredientes para lograr la sostenibilidad. Sonaban razonables, incluso obvios, y decían así:
¿Cuál es el problema? Que ninguna de estas condiciones se cumple hoy en día. Nuestros océanos y acuíferos se están agotando, el petróleo está en cuenta regresiva y la atmósfera parece un vertedero de gases de efecto invernadero. Nos enfrentamos a un “imperativo económico y ambiental” que nadie en las altas esferas parece tomarse en serio.
Ninguna de estas condiciones se cumple hoy en día: nuestros océanos y acuíferos se están agotando, el petróleo está en cuenta regresiva y la atmósfera parece un vertedero de gases de efecto invernadero
Y así, de crisis en crisis, la transición a una economía sostenible se vuelve más urgente… aunque seguimos de espaldas a la realidad mientras la Tierra paga las consecuencias.
La sostenibilidad no es una opción, es una necesidad si queremos seguir aquí. El paradigma de la complejidad nos recuerda que la estabilidad de los ecosistemas depende de un equilibrio muy delicado.
El cambio climático no solo recalienta el planeta, sino que está llevando al límite la capacidad de los océanos para absorber el CO2 que generamos, como revela el proyecto CATARINA del CSIC. Lo que antes era un recurso estabilizador se convierte ahora en un factor de riesgo.
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