
Por si alguien aún no se había enterado de que el verano ya no empieza en junio sino en abril, Yolanda Díaz ha salido a recordarlo con un discurso que mezcla ciencia, política y cierta dosis de desesperación institucional. La ministra de Trabajo y vicepresidenta segunda del Gobierno ha presentado en rueda de prensa una campaña para prevenir los riesgos laborales ante las olas de calor, pero, como suele hacer, ha aprovechado para ir más allá: el cambio climático, dijo sin rodeos, “está enfermando a la ciudadanía y causando muertes”.
En una comparecencia que no escatimó en cifras ni en dramatismo, Díaz ha querido recordar que 2024 ha sido el año más caluroso de la historia, y que España no es un país más cuando se habla de calentamiento global. El problema no es solo que la temperatura suba unos grados y sudemos más: el país se desertifica, las tormentas son cada vez más violentas, y fenómenos como la DANA que azotó Valencia este otoño ya no son “excepcionales”, sino el tráiler de una película que no tiene pinta de acabar bien.
“España es un país especialmente sensible por los fenómenos de desertización que padece”, afirmó Díaz. Una obviedad que todavía hay quien niega. “A pesar de que hay quien niega el cambio climático, existe, es real”, añadió, con una mezcla de asombro y resignación. Porque sí, todavía hay quien se cree que esto es una exageración de ecologistas con complejo de Nostradamus. Y mientras tanto, las temperaturas récord siguen rompiendo termómetros, y las muertes por golpes de calor y afecciones respiratorias aumentan.
“Negacionismo, codicia, crueldad y, me van a permitir, cinismo”, sentenció Díaz al referirse a quienes minimizan el problema. Esas cuatro palabras, cargadas de pólvora, definen —a su juicio— a los que prefieren seguir llenándose los bolsillos mientras la emergencia climática convierte media península en un horno sin escape.
Pero no todo quedó en el clima. Porque si España arde, lo hace también políticamente. Y Díaz no perdió la oportunidad de lanzar una carga de profundidad contra el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. Con tono serio —que no es lo mismo que apagado—, reclamó respeto a las instituciones: “Le pido a todos y cada uno de nosotros que respeten las instituciones, empezando, por supuesto, por el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial”.
Y luego, directo al mentón del líder popular: “Si el señor Feijóo cree que tiene la mayoría para gobernar, tiene que hacer una cosa: es mañana mismo registrar una moción de censura. Esto es lo que hacen los demócratas”, repitió, como quien subraya con voz lo que sabe que en redes se convertirá en titular.
Finalizó con una petición al PP: “Mientras tanto, creo que lo conveniente sería que el señor Feijóo y el Partido Popular respeten la legalidad en nuestro país”.
Todo esto, en apenas unos minutos. Porque a veces, para hablar del calor que nos mata y del ruido que nos confunde, no hacen falta largas tesis, sino claridad, algo de rabia y, por qué no, una llamada de atención para quienes siguen mirando a otro lado con el abanico en la mano.
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