
EL CAPITALISMO AL RESCATE DEL PLANETA: ¿MITO O REALIDAD?
Tom Steyer, multimillonario, ex candidato presidencial, y magnate de la inversión, parece haber encontrado la piedra filosofal del capitalismo: ganar dinero a manos llenas mientras salva el planeta. Suena a cuento de hadas, pero para Steyer es una fórmula simple. “Si un negocio no es rentable, no va a tener éxito”, dice. Claro, porque eso de ganar dinero y salvar el mundo no es tan contradictorio como algunos ilusos creen.
Imagínate por un segundo que fabricar coches, cultivar trigo o vender muebles se convierte de la noche a la mañana en actos de altruismo puro. ¡Qué maravilla! Pero no nos engañemos, nadie se rasga las vestiduras por la parte lucrativa de esos negocios. En cambio, cuando hablamos de energías renovables, parece que todo el mundo quiere olvidarse de la parte rentable, como si el dinero no fuera una pieza clave en este rompecabezas.
Steyer, quien amasó una fortuna dirigiendo Farallon, uno de los fondos de alto riesgo más grandes de San Francisco, lo tiene claro: la lucha contra el cambio climático tiene que ser un negocio rentable. Si no, ¿quién va a mover un dedo? Y no, no cuenta con las subvenciones públicas, esas migajas que algunos creen que pueden salvar el mundo. Lo suyo es generar beneficios, de esos con muchos ceros al final.
Desde que dejó Farallon en 2012, Steyer ha estado en una cruzada personal por hacer del cambio climático un buen negocio. Fundó NextGen America, una plataforma para movilizar a los jóvenes en la lucha contra el cambio climático, pero con una mentalidad capitalista de fondo: el dinero no es el enemigo, es el motor que va a solucionar todo.
El dinero y el bien común no solo pueden coexistir, sino que deben hacerlo
En su libro Cheaper, Faster, Better: How We’ll Win the Climate War (Más barato, más rápido, mejor: cómo ganaremos la guerra del clima), Steyer no pierde tiempo con florituras. Su propuesta es clara: el capitalismo, bien dirigido, es la herramienta definitiva para salvar el planeta. Y ojo, que no se le da nada mal. Hace tres años cofundó Galvanize Climate Solutions, una empresa que no esconde su propósito: ganar mucho dinero invirtiendo en la transición energética. El año pasado, levantaron un fondo de más de mil millones de dólares. Sí, leíste bien, mil millones para empezar. Y hay más en camino.
¿La diferencia con Farallon? Ninguna, si lo piensas bien. “Esto es un negocio de inversión”, dice Steyer. Y lo que ha hecho toda su vida es simple: encontrar qué empresas van a generar más beneficios y apostar por ellas. Pero ahora con un pequeño giro ecológico.
Salvar el planeta no es solo una cuestión moral. Es, sobre todo, un negocio. Y uno muy rentable
Este tipo de inversiones no son para los que buscan redención espiritual. Son para aquellos que entienden que si no puedes medirlo, no puedes gestionarlo. Y Steyer sabe cómo medir los beneficios. Inversiones en edificios que consumen cero energía y generan ganancias; tecnología agrícola que, además de reducir emisiones, aumenta la rentabilidad. Todo con la misma lógica: más barato, más rápido, mejor.
Texas, que muchos consideran la tierra prometida de los combustibles fósiles, ha triplicado sus instalaciones solares en tres años y produce más energía eólica que cualquier otro estado en Estados Unidos. ¿La razón? Es más barata, más rápida y mejor. Mientras los políticos vociferan, los números no mienten.
Para Steyer, el cambio climático es una oportunidad de oro. Una revolución económica que podría poner a Estados Unidos en el asiento del conductor… o dejarlo viendo cómo China se lleva la corona. «Estamos en un punto de inflexión», dice, y no se le nota nervioso. De hecho, parece que ve el caos como una oportunidad para redescubrir el verdadero espíritu capitalista americano.
Al final del día, Steyer lo tiene claro: el dinero y el bien común no solo pueden coexistir, sino que deben hacerlo. Porque, en su mundo, salvar el planeta no es solo una cuestión moral. Es, sobre todo, un negocio. Y uno muy rentable.
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