
El Gobierno forzó a Red Eléctrica a experimentar con renovables para presumir ante Bruselas. El resultado: un colapso eléctrico que pudo evitarse. Te lo contamos con datos y sin maquillaje.
No fue el karma ni un mal día de sol: el apagón del 28 de abril fue el precio de una coreografía política mal ensayada. En su afán por presumir en Bruselas de liderazgo verde, el Gobierno de Pedro Sánchez forzó a Red Eléctrica a experimentar con renovables sin red de seguridad. Literalmente.
El plan era simple y suicida: “Todo al verde”.
La orden vino de arriba. De muy arriba. Concretamente, desde Moncloa. Y tuvo como ejecutoras a la ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, y a la presidenta de Red Eléctrica, Beatriz Corredor. Ambas aceleraron el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, ese documento que promete que el 81% de la electricidad será renovable en 2030. El problema: el Gobierno no quiso esperar a 2030. Lo quiso para ya, como quien mete la pizza en el microondas y pretende que sepa a horno de leña.
El experimento empezó al menos una semana y media antes del apagón. Se trataba de jugar con la red como si fuera un videojuego: subir la solar, bajar la nuclear, despreciar los límites físicos del sistema. No se avisó ni al sector ni a la ciudadanía. Todo se cocinó a puerta cerrada y con una premisa: que el titular quedara bonito en la UE, aunque la luz titilara en media España.
“La prioridad no era garantizar la estabilidad, sino poder anunciar titulares verdes ante Bruselas”
El 23 de abril, cinco días antes del caos, la web de Red Eléctrica celebraba una generación verde superior al 100%. ¿Magia? No, exportaciones. Pero el 28, a las 12:30, el sistema operaba con un 72,66% de renovables. La nuclear no llegaba al 12%, la hidráulica al 10%. Y en ese equilibrio precario, una perturbación de 2,2 GW —que en condiciones normales se habría absorbido— tumbó el sistema.
Mientras tanto, Red Eléctrica jugaba al postureo climático. El 21 de abril, presumía en X (antes Twitter) de un récord histórico: 20.120 MW de potencia solar, un 61,5% del mix peninsular. Pero el dato era falso. Ya el 12 de julio de 2024 se había superado esa cifra: 20.147 MW, aunque entonces el porcentaje de renovables era del 50,5%, dentro de márgenes razonables. Esta vez, se jugó fuera de banda.
“No fue un fallo técnico: fue una decisión política encubierta de marketing ecológico”
Pedro Sánchez no lo oculta, al contrario: lo convierte en eslogan. El pasado enero, durante el Día del Hidrógeno de Enagás, proclamó que España es “líder global en hidrógeno verde” y “la quinta economía más sostenible del mundo”. También reconoció, sin pudor, que su Gobierno ha “cambiado leyes, dado subvenciones y apostado todo al verde” con el dinero del Plan de Recuperación. Eso incluye jugar a ser Tesla sin pensar en los plomos.
Las grandes del sector, mientras tanto, reclaman lo que debería ser obvio: explicaciones. Iberdrola, Endesa y EDP, a través de su patronal Aelec, han exigido transparencia. Ya el 20 de mayo alertaron de problemas de tensión. Red Eléctrica los negó. Dos días después, los admitió. ¿Casualidad? Difícil creerlo. Más bien parece el guion de un thriller en versión climática: todos los elementos del desastre estaban ahí. Solo faltaba el botón rojo.
El problema no es la energía solar, ni la eólica, ni siquiera la transición ecológica. El problema es convertirla en un espectáculo para contentar burócratas europeos. Hacer política con la luz que entra en casa es como jugar a la ruleta rusa con la estabilidad del país. Puede salir bien… hasta que salta el automático. Y entonces no hay tweet que lo arregle.
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