Banderas negras en las playas valencianas por contaminación y mala gestión

Seis playas de la Comunidad Valenciana reciben la ‘bandera negra’ por contaminación y mala gestión. Ecologistas en Acción denuncia vertidos fecales, leyes privatizadoras y una recuperación incompleta tras la DANA. ¿Banderas azules? Una irresponsabilidad

Mientras algunos brindan con sangría celebrando banderas azules recién estrenadas, otros, con los pies hundidos en residuos y algas tóxicas, se preguntan si el sistema de galardones costeros no será otro simulacro más de excelencia turística a toda costa —y nunca mejor dicho. Este año, Ecologistas en Acción ha vuelto a sacar su informe de Banderas Negras, esa especie de anti-certificado que no presume de aguas cristalinas sino de negligencia y podredumbre bajo la alfombra de arena. Y, por desgracia, la Comunidad Valenciana se lleva seis.

No se trata solo de una denuncia estética o ideológica. En su informe de 2025, Ecologistas en Acción señala zonas concretas donde los efectos de la DANA de finales de 2024 siguen supurando mugre, literalmente. En especial, apuntan con el dedo sucio hacia el sur de València, cuyos arenales han recibido toneladas de residuos arrastrados por la riada como si fueran una ofrenda tóxica al mar. El informe lo dice sin rodeos: se han concedido banderas azules con una ligereza “inexplicable” apenas siete meses después del 29-0, cuando el temporal arrasó la frágil fachada litoral de la región.

No se han terminado las actuaciones de recuperación y limpieza de las playas valencianas”, denuncian, subrayando además que “no hay resultados analíticos sobre el estado de los arenales ni del lecho marino, que han recibido residuos y sustancias contaminantes durante meses”.

Los científicos del CSIC realizaron análisis. Bien por ellos. Pero, como si se tratara de un secreto de Estado, esos estudios no han sido publicados. Mientras tanto, el Ministerio de Turismo lanza sus listas de playas “excelentes” como quien pone nota sin revisar el examen.

Seis banderas negras y ninguna sorpresa

El sistema de Banderas Negras funciona con una lógica sencilla: cada provincia litoral recibe dos, una por contaminación y otra por gestión nefasta. Así, la Comunitat Valenciana se lleva tres por cada categoría, conformando una suerte de tridente tóxico.

Contaminación: del turismo masivo a la podredumbre industrial

1. Playa de Levante (Benidorm): nada como un clásico del turismo de masas que sigue creciendo sin invertir en depuradoras. Allí, los vertidos fecales “controlados” fluyen con una naturalidad espantosa hacia el Parque Natural de Serra Gelada.

2. Puerto de Castelló (Grao): recibe a diario aguas residuales sin tratar provenientes de las construcciones ilegales de la Marjalería y de una depuradora que no da abasto.

3. Parc Natural de l’Albufera (València): el desastre tras la DANA no ha terminado. Aguas residuales de pueblos y polígonos industriales siguen llegando porque las depuradoras quedaron arrasadas.

Mala gestión del litoral valenciano: entre la dejadez y el urbanismo

1. Cala Mosca y Cala Ferris (Alicante): dos paraísos costeros a punto de caer en manos del urbanismo voraz. La nueva ley LOPUT permite construir hasta a 100 metros de la línea de costa.

2. Playa de la Mar Xica (Castellón): afectada por la falta de conservación y sobreexplotación urbanística.

3. La nueva Ley de Protección y Ordenación de la Costa Valenciana (LPOCV): sí, una bandera negra para una ley. No por error tipográfico, sino porque su texto legal favorece la regularización de ocupaciones ilegales y la privatización del espacio público marítimo-terrestre.

Los residuos invisibles de l’Albufera: cuando el desastre se hace rutina

El caso de l’Albufera merece capítulo aparte. No solo es una de las joyas naturales del país —lo era, al menos—, sino que ahora se ha convertido en un embudo de residuos que no cesan de llegar. Las depuradoras arrasadas por la DANA no han sido totalmente recuperadas y los vertidos persisten como una especie de hemorragia silenciosa.

La situación es tan crítica que ha sido necesaria una inversión del gobierno central de 30 millones de euros para rellenar las playas afectadas con arena extraída de las propias zonas marinas valencianas. Pero esto es pan para hoy y barro para mañana. El puerto de València sigue funcionando como una barrera artificial que impide el transporte natural de sedimentos, acelerando la regresión del litoral. Añádanle la subida del nivel del mar, y tenemos la receta completa para un colapso costero con vistas al futuro.

Una ley de costas que privatiza lo público

La recién aprobada LPOCV (Ley de Protección y Ordenación de la Costa de la Comunitat Valenciana) suena a salvación desde el titular, pero esconde más trampas que una novela de espías. Ecologistas en Acción no se muerde la lengua: “Está orientada hacia la privatización y desprotección del dominio público marítimo-terrestre”. Traducción: facilita que lo que era de todos pase a manos de unos pocos.

Peor aún: no contempla de forma adecuada los riesgos del cambio climático, como la regresión de playas o los eventos extremos, lo que deja a todo el litoral valenciano más expuesto. El grupo ecologista pide su derogación inmediata y una reforma que defina sin ambigüedad que la costa es un espacio no privatizable, que debe ser protegido como parte esencial del patrimonio natural.

Alicante y Castellón: hormigón, vertidos y abandono institucional

El informe también lanza dardos hacia otras zonas no directamente afectadas por la DANA, pero sí por la contaminación estructural y la mala gestión urbanística:

  • Playa de Levante de Benidorm: sigue creciendo sin parar mientras sus infraestructuras colapsan. Los vertidos fecales están a la orden del día.
  • Cala Mosca y Cala Ferris: a pesar de años de resistencia por parte de activistas, la presión urbanística sigue ganando terreno. La nueva ley LOPUT no ayuda.
  • Puerto del Grao y Playa de la Mar Xica (Castellón): ambos puntos sufren vertidos, erosión, abandono administrativo y falta de medidas reales de conservación.

Conclusión no apta para postales turísticas

Mientras se reparten banderas azules como si fueran chuches en feria, la realidad del litoral valenciano es mucho más sucia, literal y metafóricamente. La Comunidad Valenciana, con seis banderas negras, no es solo víctima del cambio climático ni de los temporales, sino también de una planificación costera que privilegia el negocio frente a la naturaleza.

Y lo más triste: ni siquiera podemos decir que no lo sabíamos. El informe está ahí, con nombres, lugares y cifras. Ignorarlo no lo hará menos cierto.

Imagen | Foto de archivo playa  ECOLOGISTAS EN ACCION

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