
A veces parece que en este país nos hemos acostumbrado a vivir en el surrealismo. Nos encanta salir en las estadísticas como los más listos de la clase, aunque en el fondo seamos los que nunca hacen los deberes. Así que, mientras España encabeza la innovación en el ciclo integral del agua, también lidera algo más deprimente: uno de los mayores déficits de inversión en infraestructuras hídricas de la Unión Europea. No sé si reír o llorar, pero de lo que sí estoy seguro es que a alguien se le debería caer la cara de vergüenza.
Nos gusta hacer como si no pasara nada, pero la verdad es que el agua en España está a punto de convertirse en el último lujo. A medida que las sequías se vuelven más largas y las olas de calor más brutales, seguimos con esa actitud tan nuestra de «mañana será otro día». Y claro, no es solo que el clima mediterráneo esté asfixiado por el cambio climático. No, las amenazas son reales, y las restricciones de agua son ya nuestro pan de cada día.
Podríamos decir que estamos tomando medidas. Después de todo, en investigación somos la leche: los centros tecnológicos del agua están a tope buscando cómo hacer que cada gota cuente. Innovación para esto, soluciones para aquello. Somos los cerebritos de la UE en cuanto a tecnologías del agua, con un índice de ventaja tecnológica revelada (RTA) de 2,3, mientras Austria, Finlandia o Países Bajos quedan a la cola. ¡Bravo! Pero no nos engañemos, ¿de qué sirve tanto invento si luego no ponemos un duro para aplicarlo?
Está todo en el último informe de la Oficina Europea de Patentes (OEP). España, ese país que parece siempre estar al borde del desastre, resulta que es el que más patentes tecnológicas ha sacado para resolver problemas relacionados con el agua: captación, distribución, tratamiento de aguas residuales, regeneración… Vamos, que si se tratara de dar charlas TED sobre cómo salvar el mundo con agua reciclada, seríamos los primeros.
Para asegurar el buen funcionamiento del ciclo urbano del agua es necesaria una inversión excepcional de 31.000 millones de euros en los próximos 5 años
España y los demás países europeos concentran el 40% de las 22.000 familias de patentes internacionales en el sector del agua de las últimas tres décadas. Estados Unidos, con todo su ímpetu, solo llega al 23%. Japón, China y Corea tampoco hacen sombra: 12%, 6% y 5% respectivamente. Vamos, que estamos en lo más alto. Pero aquí llega la gran paradoja: somos unos genios inventando, pero unos desastres invirtiendo. ¿Qué tal si dedicamos menos tiempo a presumir y más a hacer algo con lo que descubrimos?
Porque claro, de innovaciones está el mundo lleno, pero luego miras los números y descubres que nuestras infraestructuras hídricas están en ruinas. Según un estudio de PwC, el déficit de inversión en el ciclo del agua en España es de 5.000 millones de euros anuales. Y eso no es lo peor: para que el ciclo urbano del agua funcione de forma decente en los próximos cinco años, harían falta 31.000 millones de euros. Sí, has leído bien. Mientras tanto, seguimos rezando para que la próxima sequía no deje a 13 millones de españoles sin agua.
Por si esto no fuera suficiente para arruinarte el día, la OCDE nos avisa de que la demanda de agua aumentará un 55% en las próximas tres décadas. Y más del 40% de la población mundial vivirá en áreas con estrés hídrico severo. ¿Adivina quién está en la lista de los más perjudicados? Exacto, el sur de Europa, nuestro querido rincón.
No es que haga falta ser Einstein para darse cuenta de que estamos en plena zona cero de la crisis climática. Los modelos nos pintan de rojo por todas partes, tanto en lo que respecta al calor como al agua. Pero, curiosamente, España sigue siendo el país de la UE que menos invierte en infraestructuras hídricas en proporción a su PIB: un triste 0,09%, cuando la media europea ronda el 0,40%.
En la última década, España ha dejado de ejecutar el 70% de las inversiones planificadas en infraestructuras hídricas
¿Y qué hemos hecho en la última década? Pues nada espectacular: hemos dejado de ejecutar el 70% de las inversiones planificadas en este ámbito. Se dice pronto. Mientras tanto, seguimos maravillándonos de nuestra capacidad investigadora, orgullosos de ser los que más esfuerzo dedicamos a la innovación tecnológica del agua. Pero ¿de qué sirve todo este conocimiento si al final no hacemos nada con él?
Así que, mientras los inventores siguen trabajando, las cartas se amontonan en los despachos de la UE. Una veintena de países ha pedido a la presidenta Von der Leyen que empiece a mover ficha. Porque, aunque la innovación está muy bien, sin pasta no vamos a ninguna parte. Y parece que nos hace falta algo más que buenas intenciones. Si no invertimos en infraestructuras hídricas, nos enfrentaremos a más restricciones, más cortes y más de lo mismo.
Aquí estamos, en la era de la sequía, con soluciones en la mano y sin dinero para implementarlas. Nos jugamos el bienestar, la economía y el futuro, pero seguimos mirando para otro lado. Lo único que queda es hacernos la gran pregunta: ¿qué hace falta para que pasemos de la teoría a la práctica? Porque, sinceramente, no se me ocurre otro desafío más urgente que este. Y mientras tanto, los ciudadanos, como siempre, con el agua al cuello.
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