
SERÁ LA FRESA EL NUEVO LUJO? CAMBIO CLIMÁTICO Y SUS EFECTOS EN TU FRUTA FAVORITA
Olvídate de las fresas como un capricho dulce y refrescante. Si no te das prisa, pronto van a ser tan accesibles como una botella de champán añejo. Mientras seguimos hablando de las desventajas del calentamiento global como si fuera una teoría conspirativa para rellenar las cenas familiares, las fresas están en proceso de extinción… al menos para los mortales con salarios de mortal.
Resulta que las fresas son unas señoritas delicadas que no toleran bien el calor. Las olas de calor, cada vez más frecuentes en lugares clave como California, las están dejando al borde de un colapso nervioso. Universidad de Waterloo al rescate con su reciente estudio (Ver/Descargar pdf): han modelado hasta el último suspiro de calor que estas pobres fresas pueden soportar. ¿El resultado? «Aumentos de temperatura de apenas 1,6 grados Celsius podrían reducir las cosechas en un 40%», advierten. En resumen, las fresas podrían desaparecer de nuestras mesas antes de que el sol termine de cocinarlas en los campos.
El cambio climático está redefiniendo nuestra dieta diaria
Claro, no es cuestión solo de que las fresas se deshidraten como pasas al sol, sino de que el coste de mantenerlas vivas está pasando factura. Ahora los agricultores tienen que invertir en sistemas avanzados de riego para calmar los ataques de calor de estas frutillas. Y adivina a quién le va a tocar pagar el precio final. Exacto, a ti. Porque cuando los costos de producción se disparan, tú te quedas con la factura en la frutería. Si antes las fresas eran un gustito, ahora van a ser un lujo millonario.
Aquí va otra joya. Con todos estos avances “sostenibles” y tecnología para sobrevivir al calor, los pequeños agricultores van quedando al margen. No pueden permitirse esos sistemas futuristas de riego, ni mucho menos estructuras de sombra que protejan las cosechas de fresas que agonizan bajo el sol. Esos gastos los pueden asumir solo las grandes empresas agrícolas, creando un mercado que favorece a los de siempre, los de corbata y billetes gordos. El panorama es simple: fresas para ricos, terruño seco para los demás.
Aumentos de temperatura de apenas 1,6 grados Celsius podrían reducir las cosechas en un 40%
¿Entonces, qué hacemos? Porque aunque nos guste el drama, lo ideal es que las fresas sobrevivan. Aquí van las “estrategias sostenibles” que los científicos creen que pueden salvarnos. Tenemos el riego por goteo, la agricultura de conservación, la agricultura “climáticamente inteligente”, y los sistemas de sombra. Todo muy bonito en papel, pero a efectos prácticos, ya hemos visto que solo una minoría puede aplicar estas maravillas de la sostenibilidad sin hipotecarse el riñón.
Poornima Unnikrishnan, investigadora de la Universidad de Waterloo y coautora del famoso estudio, ha dejado clara la urgencia de tomar medidas. Porque sí, el cambio climático está derritiendo algo más que los polos: está redefiniendo nuestra dieta diaria. Si no hacemos algo pronto, las fresas van a quedarse en las mesas de unos pocos privilegiados que pueden pagar su peso en oro.
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