
Valencia arranca las obras de un hotel para insectos junto a las Torres de Serranos, dentro del programa ‘Renaturalización Valencia 2022‘. Descubre qué es, por qué se hace y cuándo estará listo este original proyecto financiado con fondos europeos.
La imagen es insólita. Donde antes los niños corrían tras un balón en un campo de tierra olvidado, ahora las excavadoras delinean el terreno como si se tratara del arranque de una gran promoción inmobiliaria. Pero no hay planos de apartamentos, ni andamios, ni futuro de cemento. Lo que se construye en pleno corazón de Valencia es un hotel para insectos.
Este proyecto, tan poético como práctico, forma parte del programa ‘Renaturalización Valencia 2022’ y cuenta con el respaldo de los fondos europeos Next Generation. Nada de grúas levantando estructuras de hormigón. Aquí se trata de vegetación, refugios naturales y biodiversidad urbana.
La obra comenzó a finales de mayo y, según fuentes del Ayuntamiento, tiene un plazo de ejecución de cinco meses. Si todo va según lo previsto, el hotel estará listo en otoño de 2025.
“No se precisa de ladrillos ni hormigón”, aclaran desde el consistorio.
El terreno en cuestión no es cualquier solar. Se trata de una parcela frente a las Torres de Serranos, que durante años albergó un campo de fútbol de tierra, después un descampado y ahora será la morada de abejas solitarias, mariquitas y otros insectos vitales para el equilibrio del ecosistema urbano.
Lo curioso del asunto es que este hotel no llega como una idea de última hora, sino que fue concebido por el anterior equipo de gobierno, liderado por Joan Ribó. Su sucesora, María José Catalá, tenía otros planes para el solar: construir un parque infantil con forma de barco, siguiendo el relato de Gulliver. Sin embargo, la alcaldesa ha optado por respetar el proyecto original para no perder la financiación europea, una decisión tan pragmática como inevitable.
“La solución: el hotel de insectos en la ubicación inicial para no perder la financiación europea del proyecto”, resumen desde el Ayuntamiento.
La historia de este hotel de bichos es también la historia de una ciudad que negocia consigo misma. El barco de Gulliver, símbolo de un tipo de parque que encanta a los niños y nostalgiza a los adultos, fue primero asignado al nuevo parque de la Desembocadura, en Nazaret. Ahí lo colocó el proyecto (Con)fluir, que ganó en marzo de 2023 el concurso de ideas para la zona.
Pero Catalá lo quería en Serranos. Ribó, en cambio, quería el hotel de insectos en ese solar. El triángulo quedó dibujado: Ribó proponía Nazaret para Gulliver y Serranos para los insectos; Catalá invertía las ubicaciones. Finalmente, se impuso la lógica presupuestaria.
Aunque el barco de Gulliver no fondeará junto a las Torres de Serranos, la alcaldesa no renuncia a su narrativa fantástica. Este miércoles anunció que el antiguo cauce del Turia contará con tres grandes parques inspirados en Gulliver:
Ese tercer enclave podría ser la zona de la Petxina, frente a la Estación de Autobuses, aunque por ahora no hay un proyecto definido. La narrativa es clara: el viaje de Gulliver en clave urbanística.
“Queremos que el relato siga el viaje de Gulliver: junto al mar, el barco en el que llega; en medio, el parque de toda la vida; el tercero, río arriba, ha de seguir la historia del cuento”, explicó Catalá.
Aunque el nombre pueda generar confusión (y memes), no se trata de un resort con desayuno incluido para bichos turistas. Un hotel de insectos es una estructura ecológica, a base de madera, tierra y vegetación autóctona, pensada para dar cobijo a polinizadores, escarabajos, mariposas y otros pequeños habitantes urbanos.
Su función es crucial en tiempos de cambio climático: estos insectos contribuyen a la polinización, controlan plagas y son un eslabón indispensable de la biodiversidad. En una ciudad cada vez más dominada por el tráfico, los adoquines y los escaparates, crear microhábitats como este es una apuesta inteligente y necesaria.
Valencia no es la primera en abrazar esta idea. Otras ciudades europeas ya han apostado por microreservas de biodiversidad urbana. Pero hacerlo en pleno centro histórico, a la sombra de uno de los monumentos más emblemáticos, y tras un pulso político entre dos visiones urbanas, le da al proyecto un aire de pequeña revolución verde.
Así, mientras los niños seguirán jugando al Gulliver un poco más lejos, los insectos tendrán su propio refugio en el corazón de la ciudad, y Valencia, quizás sin pretenderlo, se convierte en un símbolo del urbanismo que quiere reconciliarse con la naturaleza.
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