
Sicilia sufre una ola de calor histórica y podría superar los 48,8 grados de 2021. Así vive la isla esta nueva emergencia climática. Termómetros al límite en Sicilia: el calor amenaza con romper récords mientras el agua y la luz se convierten en bienes de lujo
Catania, 10 de la mañana. 35 grados. Y una neblina blanca cubriendo el mar como si la tierra empezara a evaporarse. No es el tráiler de una película apocalíptica, es Sicilia en pleno julio de 2025, y los meteorólogos tienen motivos para sudar más que cualquiera: podría repetirse, o incluso superarse, el récord europeo de calor de 48,8 grados, registrado en Floridia (provincia de Siracusa) el 11 de agosto de 2021. Un hito tan ardiente que ni Dante en su descenso al infierno lo hubiera imaginado.
La amenaza tiene nombre y acento: «llamarada africana», un anticiclón subtropical que durará hasta el sábado. A su paso, deja pueblos derretidos, termómetros rotos y a los sicilianos intentando mantener la compostura mientras el asfalto amenaza con licuarse.
El lunes ya se marcaron 41,8 grados y este martes se anticipaban hasta 47 grados en ese triángulo geográfico que forman Catania, Siracusa y Caltanissetta. Esa parte de la isla donde la belleza paisajística no compite con el sol, sino que se rinde ante él.
“Yo noto que esto no es normal cuando me arden las pupilas y no puedes ni ir en bici.”
En el corazón de este horno, la farmacia Brunetto de Floridia se convierte, como en 2021, en el oráculo climático del pueblo. Allí, Elio Morale y su compañero Biagio Cantone reciben al primer periodista extranjero con una sonrisa resignada: «Ya está aquí». El termómetro en su cruz luminosa marcaba 43 grados al mediodía, a la sombra, claro, porque a pleno sol el coche indica 51 grados, aunque esa cifra es más arte moderno que ciencia.
Morale, con un humor seco como la tierra de sus limoneros, lo resume bien: “Yo noto que esto no es normal cuando me arden las pupilas y no puedes ni ir en bici. Hoy ya he dicho que no vuelvo a casa a comer”.
En los bares Piperito y Centrale, entre cafés helados y ventiladores jadeantes, la frase más repetida es «Estamos acostumbrados». Sí, pero esa costumbre tiene un coste: facturas de aire acondicionado de 300 a 400 euros al mes, y en negocios pequeños, hasta 600 o 700 euros. Y eso que en Italia la luz no es precisamente barata.
Desde junio, el trabajo al aire libre entre las 12:30 y las 16:00 está prohibido en fases de calor extremo. Y por si fuera poco, las autoridades han habilitado refugios climáticos entre las 11:00 y las 18:00 en las provincias más castigadas: Catania, Siracusa y Enna. A esas horas no hay pájaros, ni sombras, ni siquiera ruido. Solo el silencio del calor.
En Francofonte, este lunes se alcanzaron 41,2 grados. El martes, a las 6 de la mañana, ya iban por 36,2 grados. El dueño del Bar Royal, que abre a las 3:30 de la madrugada para los jornaleros que van a vendimiar, lo dice sin drama: “Ya hacía calor desde esa hora”.
“Y aun así la provincia de Enna es famosa porque tiene la factura del agua más cara de Italia.”
Uno de los jóvenes que trabaja en el campo muestra su móvil: 43 grados dentro del invernadero a las 9:40, y fuera, 40. “Allí ya no te puedes acercar. Es un horno”, sentencia.
Catenanuova, que ya en 1999 alcanzó los 48,5 grados, vuelve al podio infernal. Este lunes, al caer la tarde, marcaban aún 38 grados. Pero el verdadero problema no es solo el calor, sino el agua. O mejor dicho, su ausencia.
La red hídrica siciliana pierde el 56% del agua, y 26 de las 47 presas están fuera de servicio o limitadas. Aquí, el agua llega cada dos días, de madrugada, por un sistema precario que depende del acueducto del Etna. El resto del tiempo, la población sobrevive con agua embotellada.
Y por si fuera poco, Enna presume (a la fuerza) de tener la factura del agua más cara de Italia, con una media de 760 euros anuales, cuatro veces más que en Milán. Como dice el dueño del bar local: “Y eso que solo tenemos agua unas horas al día. Viva la eficiencia”.
Mientras Sicilia se funde, el norte de Italia se ahoga entre inundaciones y tormentas. Dos extremos que parecen caricatura, pero que son el resumen del caos climático que afecta a todo el país. De Turín a Reggio Calabria hay más de 1.300 kilómetros, sí, pero ahora parecen estar en planetas distintos.
Este martes, el SIAS (Servicio Informativo Agrometeorológico Siciliano) lanzó el veredicto: no se ha superado el récord. La temperatura más alta fue en Paternò, con 45,7 grados, seguida de Francofonte, con 44,5, y Floridia, con 45. Esta vez se salvó el récord. Pero el verano apenas ha comenzado. Agosto aún está por llegar, y nadie descarta que el termómetro vuelva a pedir asilo político en el infierno.
Imagen | Foto de Anton Cherednichenko
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