
Plástico, pero con culpa: la estrategia de BASF para seguir vendiendo polímeros sin destruir (tanto) el planeta
El plástico ya no es solo el villano favorito de los ecologistas ni la pesadilla recurrente de los diseñadores de packaging. Es también el campo de batalla donde gigantes industriales como BASF intentan demostrar que, sí, se puede producir plástico sin cargarle el muerto entero al planeta. O al menos no tanto.
Del 8 al 15 de octubre de 2025, en la feria K de Düsseldorf —el equivalente al Vaticano del plástico—, BASF volverá a ocupar su sitio habitual con la seguridad del que lleva asistiendo desde 1952. Esta vez, sin embargo, no se limitarán a mostrar polímeros brillantes y nuevas fórmulas de poliamidas. Lo que llevan bajo el brazo es una campaña global llamada #OurPlasticsJourney, una especie de confesión pública: sí, fabricamos plástico, pero estamos tratando de hacerlo con menos remordimientos.
El 17 de junio pasado, en una presentación previa al evento, BASF mostró sus cartas: una nueva gama de productos con huella de carbono reducida, bautizada como rPCF. Esta línea no aparece de la nada; es la continuación de las anteriores LowPCF y ZeroPCF, lanzadas en 2022. ¿La diferencia? rPCF se fabrica usando electricidad y vapor renovables, con la promesa de que la culpa climática que deja su producción sea sensiblemente menor.
¿Un ejemplo palpable? La alforja de bicicleta de VAUDE hecha con Ultramid ZeroPCF, una poliamida 6 con huella neta de carbono igual a cero. Palabras mayores si uno recuerda que la industria del plástico es una de las grandes devoradoras de combustibles fósiles. De hecho, BASF asegura que toda su producción europea de materiales de alto rendimiento ya opera con electricidad solar y eólica. Bien por ellos, aunque el mundo no se salve solo con alforjas ciclistas.
Otro de los pilares de esta cruzada ecologista es el uso de materias primas alternativas. Es decir, dejar el petróleo un poco de lado para hacerle hueco a la biomasa y a materiales reciclados. Lo hacen con una técnica llamada balance de masa, que, traducida al castellano, significa mezclar recursos fósiles y verdes, y repartir su impacto ambiental proporcionalmente entre los productos.
Aplicaciones de este enfoque no faltan: el interruptor SIRIUS de Siemens, prendas de ZARA, y los polímeros compostables ecovio y ecoflex, usados en envases alimentarios a base de papel.
En paralelo, la empresa ha metido la digitalización en el saco con herramientas como la app Pacific, diseñada para facilitar el intercambio estandarizado de datos sobre la huella de carbono de los materiales. Porque si no puedes medirlo, no puedes fingir que estás mejorando.
BASF también está centrando parte de sus esfuerzos en dar a sus plásticos un uso más noble que envolver snacks. Hablamos de aplicaciones duraderas y de alta exigencia, como la producción de hidrógeno verde. Allí entra el Ultrason S3010, usado en electrolizadores de Stargate Hydrogen. Y sí, también hay espacio para electrodomésticos premium, como el último modelo de Thermomix, fabricado con Ultramid Advanced N y Ultramid A. Porque incluso el cocinado guiado tiene su versión sostenible.
Otro campo donde BASF quiere plantar bandera es la movilidad eléctrica. En K 2025 presentarán un demostrador de batería donde las soluciones plásticas ayudan a aligerar el peso del vehículo, mejorar la seguridad y gestionar mejor el calor. Traducido: menos kilos, menos consumo, menos accidentes.
El reciclaje sigue siendo el mantra moderno de la industria. BASF no solo repite el estribillo, también lo canta con tecnología. Entre sus propuestas más interesantes están los dispositivos de espectroscopía portátil de trinamiX, capaces de identificar tipos de plásticos y textiles para mejorar la clasificación de residuos. Algo así como un Shazam de los polímeros.
En colaboración con Vitra, han creado el primer espumado flexible reciclable a escala industrial para muebles. Con Krauss Maffei y Liebherr, trabajan en despolimerizar residuos de frigoríficos para usarlos como aislantes térmicos. Porque sí, hasta tu vieja nevera puede tener una segunda vida.
Y si nos vamos al mundo de la moda, aparece loopamid, un material que permite reciclar poliamida 6 proveniente de residuos textiles. En el sector del automóvil, están probando desde reciclaje mecánico hasta procesos de gasificación para recuperar plásticos complejos.
Durante la feria, el stand de BASF (pabellón 5, C21/D21) acogerá debates en directo bajo el lema #OurPlasticsDialogues. La idea es reflexionar, debatir y convencer al sector de que la transición sostenible no solo es una obligación, sino también una oportunidad de negocio.
Con más de 70 años asistiendo ininterrumpidamente a la feria K, BASF no pretende dejar de fabricar plásticos. Pero sí quiere que, cuando alguien tire una botella o compre un electrodoméstico, no lo haga con la misma sensación de estar firmando una sentencia ecológica.
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