
Dominion refuerza su apuesta por la sostenibilidad con adquisiciones clave en Alemania y Cartagena. Züblin y una planta de aguas, en su red. La vasca Dominion se hace con Züblin y una planta en Murcia para liderar la descarbonización industrial europea. Crecimiento silencioso pero firme.
La tecnológica vasca adquiere Züblin en Alemania y una planta de tratamiento de aguas en Cartagena mientras busca liderar la descarbonización industrial europea.
Dominion, ese grupo vasco que hace tiempo dejó de conformarse con ser uno más en el tablero industrial, ha decidido que la sostenibilidad no es solo una etiqueta para informes anuales. En su última jugada empresarial, ha cerrado dos operaciones clave en el sector medioambiental: la compra de la empresa alemana Züblin y la adquisición de una planta de tratamiento de aguas industriales en Cartagena (Murcia).
Nada de postureo verde. Aquí hablamos de movimiento real de capital.
Züblin, con sede en Bremen (esa ciudad del norte de Alemania que no suena a sol y tapas, pero sí a eficiencia industrial), se incorpora al 99,99% como filial de Dominion, integrándose en la división Global Dominion Environment (GDE). La firma germana factura 26 millones de euros anuales y no es precisamente una novata en esto de salvar el planeta: está especializada en procesos de descarbonización y cuenta con una cartera de clientes consolidada en el corazón de Europa.
«Dominion no quiere ser un proveedor más, quiere ser el socio estratégico que Europa necesita para sobrevivir a sus propias normativas verdes.»
¿El dato curioso? Hasta ayer, Züblin era propiedad del gigante austríaco Strabag y, más irónico aún, era el principal competidor de Dominion en Alemania en cuestiones medioambientales. En otras palabras, Dominion ha optado por la vieja táctica de «si no puedes con tu enemigo, cómpralo y ponle tu logo».
La operación en España no tiene el exotismo germano, pero sí el pragmatismo del sur industrializado. La planta de tratamiento de aguas industriales adquirida está situada en un polo industrial de Cartagena (Murcia), y pasa a engrosar la red de infraestructuras que Dominion maneja a través de GDE. La zona no es nueva para el grupo, que ya cuenta con otras instalaciones medioambientales en el sur peninsular.
Esta compra responde a la misma lógica: tejer una red sólida y autosuficiente para consolidarse como actor dominante (y no tan silencioso) en un sector que, guste o no, va a estar en el centro del tablero durante las próximas décadas.
El viento empuja fuerte desde Bruselas. Las exigencias normativas en materia de descarbonización no son recomendaciones para empresas con tiempo libre, sino obligaciones con plazos y sanciones. Dominion ha entendido el mensaje y no quiere ser simplemente un proveedor: quiere convertirse en el socio estratégico para aquellas compañías europeas que necesiten transformarse (a golpe de inversión, claro).
«Comprar a tu principal competidor es una forma elegante de decir: ahora juegas en mi equipo, con mis reglas.»
El objetivo no es modesto. Dominion quiere que su división medioambiental GDE facture 500 millones de euros este mismo año, concentrándose en dos grandes áreas: la descarbonización industrial y esa criatura de moda llamada economía circular.
Pero GDE es solo una cara del grupo. La otra es GDT, encargada de infraestructuras digitales, energéticas y de telecomunicaciones. Entre ambas áreas, Dominion ya supera los 1.100 millones de euros en facturación y cuenta con más de 10.000 trabajadores repartidos en 35 países, sirviendo a más de 750 clientes. En resumen: no es la típica empresa que sale en la portada, pero está metida en todas partes.
La estrategia parece clara: crecer en silencio, adquirir lo que haga falta y preparar el terreno para un futuro donde la sostenibilidad no sea solo una opción estética. Y si para ello hay que comprar al rival o abrir una planta en Murcia, se hace. Sin ruido, pero con plan.
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