
APAGONES EN PAÍSES LATINOAMERICANOS
Vamos a ver, América Latina está demostrando ser un laboratorio del desastre energético. Aquí no hablamos de luces parpadeando o de un mal día en la oficina de la compañía eléctrica. No. Hablamos de apagones de hasta veinte horas, de sequías que dejan las hidroeléctricas como museos de la energía, y de una red eléctrica tan obsoleta que parece salida de una película de serie B. Ya ni la propaganda más optimista del Gobierno cubano puede tapar el hecho de que cinco de cada diez bombillas del país están apagadas por pura falta de electricidad.
En Ecuador, lo que más hay son apagones «programados». Pero no es su culpa, no, es de la sequía que ha dejado secas las centrales hidroeléctricas, que producen el 72 % de la energía en el país. Depender de la lluvia para tener luz en casa es como depender de que tu ex te devuelva el mensaje. Mejor ni contar con ello. Así que desde septiembre, el pueblo ecuatoriano está en modo ahorro de velas, y la cosa no pinta para mejorar hasta enero.
Para añadirle sal a la herida, Colombia, que antes les echaba una mano exportando electricidad, también está en las mismas. No les sobra ni un kilovatio. ¿Solución ecuatoriana? Alquilar una planta flotante de 100 megavatios a la empresa turca Karpowership, que es más o menos como intentar apagar un incendio forestal con un balde de agua, porque la demanda sigue siendo mil megavatios mayor de lo que pueden generar. Un parche, pero de los que se despegan con el sudor del primer día.
En Cuba están soportando apagones de hasta veinte horas en algunos municipios. Las siete centrales termoeléctricas llevan cuarenta años en servicio, pero no parecen tener prisa por jubilarse, aunque algunas ya ni funcionan. Siete unidades fuera de servicio por averías, un promedio digno de un país que alardea de la resistencia, pero que ni así logra que las luces sigan encendidas.
América Latina está demostrando ser un laboratorio del desastre energético
Y si pensábamos que la solución está cerca, no lo parece. Hace falta unos 10.000 millones de dólares para modernizar la red, según el consultor Emilio Romero. Ni el Gobierno cubano desmiente esa cifra. No es que no lo puedan pagar, es que primero hay que asegurarse de que ningún “acto vandálico” estropee la tranquilidad del apagón.
Brasil, por su parte, está viviendo la peor sequía en 74 años, que ha reducido las capacidades de las grandes hidroeléctricas amazónicas –Belo Monte, Santo Antonio y Jirau– a niveles ridículos, entre el 3 % y el 10 % de su capacidad. Así que, como buenos improvisadores, han activado plantas térmicas a base de gas y diésel, porque si no hay agua, al menos que haya combustibles fósiles. ¿Ecológico? No, pero estamos en modo supervivencia, no en la Cumbre del Clima.
Y, por si fuera poco, la participación de las hidroeléctricas en la producción de energía ha caído del 74,5 % en marzo al 43,5 % en octubre, mientras que la generación térmica ha saltado del 5,6 % al 18,7 %. Pero que nadie se alarme. El gobierno dice que no habrá apagones, aunque la sequía sigue apretando.
México no es la excepción en esta fiesta del desastre. En mayo, una ola de calor subió tanto la demanda eléctrica que dejó a 18 de los 32 estados a oscuras, demostrando que la dependencia de la energía hidroeléctrica y del gas importado de Estados Unidos (un 70 % del gas que usan viene de allá) es una fórmula para el fracaso. Ahí tienes el resultado de creer que el Tío Sam siempre va a estar para salvarte. Mientras tanto, Claudia Sheinbaum, la nueva presidenta, parece estar más preocupada por dar marcha atrás a la transición hacia energías limpias. Porque, claro, a corto plazo, siempre sale más barato prender los motores a hidrocarburos.
En Argentina, Javier Milei ha presentado el ‘Plan Verano 2024-2025’. Un título que suena a festival, pero que en realidad es un plan de emergencia para evitar que se les caiga el sistema eléctrico durante el verano. El país está “al borde del colapso”, gracias a décadas de falta de inversiones y mantenimiento. Pero, como siempre, mientras sea verano en la costa, los apagones pueden esperar.
Aquí los apagones no son un plan de ahorro, son una realidad diaria
Venezuela tampoco se queda atrás en esta historia de terror. Aquí el sistema eléctrico falla a diario, sobre todo en las regiones fuera de Caracas. Eso sí, el Gobierno tiene la excusa lista: es culpa de la oposición, aunque a los militares ya los tienen vigilando las plantas eléctricas. Como si eso fuese a arreglar el desastre que se ha cocinado con años de mala gestión y cero mantenimiento. Eso sí, siguen diciendo que Venezuela es clave para la estabilidad energética mundial. Las mayores reservas de crudo del planeta. Mucha riqueza bajo tierra, pero en la superficie, a oscuras.
En Bolivia, ya no mandan gas a Argentina desde septiembre porque sus reservas están bajando a ritmo alarmante. Están invirtiendo cien millones de dólares para explorar más, pero mientras tanto, la situación es la de siempre: promesas de duplicar la capacidad energética para 2033.
Chile es uno de los pocos que pueden decir que han aguantado bien el tirón gracias a sus energías renovables, pero no te confíes. Dependientes del gas natural argentino, su resiliencia está al filo de la navaja. Lo mismo pasa con Uruguay, que está pagando precios altísimos por la electricidad que importan de Brasil.
Y en el extremo del desastre está Puerto Rico, que sigue luchando por recuperar su infraestructura eléctrica después de los huracanes, pero que también enfrenta apagones frecuentes porque su red es deficiente.
Mientras en Europa discuten sobre si apagar o no las luces de las tiendas para ahorrar energía, en América Latina ya saben lo que es vivir a oscuras. Aquí los apagones no son un plan de ahorro, son una realidad diaria. Y si pensabas que la crisis energética era cuestión de un país, piénsalo de nuevo. La fiesta de los apagones ya se está celebrando por todo el continente, y no parece que vayamos a apagar la música pronto. Perdón, la música ya está apagada.
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