
Que levante la mano el que no haya escuchado aquello de que “el cambio climático no existe”. Pues bien, a esos les invitaría a darse un paseíto por la Venecia anegada o la Nueva York que conoció el «abrazo» del huracán Sandy. Claro, hay que ser optimistas: siempre se puede pensar que son cosas puntuales, que lo de las temperaturas del planeta al alza es un mito, o que las ciudades sepultadas bajo el agua son solo el escenario de una película de ciencia ficción. Pero resulta que no, que los expertos ya no se ríen ni de lejos, y los más avispados llevan tiempo avisándonos de que esto es solo la punta del iceberg… si es que queda algún iceberg.
Las características de los huracanes tropicales están mutando. Cada año son más fuertes, más destructivos y más desastrosos
Ahí está Sandy, la tormenta «híbrida» que reventó los clichés meteorológicos en 2012, cuando paralizó a una de las ciudades más avanzadas y modernas del mundo: Nueva York. Un huracán arrancando techos en los barrios de Nueva Jersey y dejando sin electricidad a millones de personas en la Gran Manzana por horas, como si la civilización entera fuese una farsa ridícula al primer soplido de la naturaleza. Un huracán en el siglo XXI, en Estados Unidos, dejándonos a todos con la boca abierta y 50 muertos en su currículum. El cambio climático hizo su magia: le echó una mano calentando los océanos y subiendo el nivel del mar, como si la naturaleza quisiera jugar una partida extra de dominó, esta vez con nuestras ciudades como fichas.
¿Sorpresa? Pues no tanta, al menos para los científicos, que llevan años dando la lata con que las características de los huracanes tropicales están mutando. Cada año son más fuertes, más destructivos y más desastrosos, porque sí, el clima está cambiando y lo hace a lo grande. ¿Y sabéis qué es lo más divertido? Que no solo Sandy fue un aviso, ahí tenemos a la gloriosa acqua alta en Venecia, que ya no es una anécdota romántica para turistas despistados, sino un tormento anual que deja la ciudad más parecida a la Atlántida que a una joya del Renacimiento.
Si no empezamos a tomar en serio el vínculo entre estos desastres naturales y el cambio climático, las próximas décadas nos van a traer ‘sorpresas’ que harán que lo de Sandy y Katrina parezca un paseo por el parque
Que esto iba a pasar, ya lo sabíamos. Lo sabíamos en 2005 cuando Katrina hizo trizas Nueva Orleans. Ese año fue el más cálido que la humanidad ha registrado… hasta ahora, porque las temperaturas actuales ya rivalizan con las de entonces, según la Administración Nacional Atmosférica y Oceánica de Estados Unidos. En resumen, las cartas están sobre la mesa: temperaturas al alza, huracanes más intensos, ciudades que se hunden.
Pero oye, si queremos seguir mirando para otro lado y pensando que esto son solo accidentes aislados, podemos hacerlo. Los expertos advierten: si no empezamos a tomar en serio el vínculo entre estos desastres naturales y el cambio climático, las próximas décadas nos van a traer «sorpresas» que harán que lo de Sandy y Katrina parezca un paseo por el parque.
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