
EDP cierra su negocio solar doméstico en España y deja en evidencia la inviabilidad del autoconsumo en hogares. La energética portuguesa anuncia el fin del servicio en 2026, reestructura su plantilla y prioriza a las empresas. ¿El motivo? El autoconsumo residencial ya no compensa.
«Nos dirigimos a usted en relación con el Contrato de suministro de energía actualmente vigente con EDP Clientes».
Con esta frase, EDP ha empezado a despedirse de sus clientes domésticos en España. Lo hace con la misma frialdad que dicta el mercado cuando ya no hay negocio que rascar. A partir de enero de 2026, la energética portuguesa cerrará su división de autoconsumo solar para hogares y pondrá fin a un experimento que nunca funcionó del todo.
El sueño de paneles en el tejado y libertad energética, tan en boga durante la crisis de precios de 2021 y 2022, se ha apagado como una batería sin sol. Lo que en su momento fue una fiebre por la autosuficiencia, alentada por tarifas eléctricas demenciales, hoy es una operación ruinosa para las grandes eléctricas. EDP no ha querido seguir subvencionando el idealismo verde a pérdidas.
La compañía ya ha comunicado a los afectados que “el contrato se tendrá por resuelto y extinguido” en enero de 2026. Hasta entonces, cumplirán sus compromisos, pero no habrá más prórrogas. El cliente, dicen, deberá buscar otra comercializadora que le suministre energía cuando su instalación fotovoltaica no pueda. Porque aquí viene el gran elefante en la habitación: nadie se libra del oligopolio ni con el tejado lleno de placas.
La filial EDP Solar no solo instalaba sistemas fotovoltaicos. También garantizaba el suministro cuando no había sol, una tarea vital para los usuarios domésticos que no pueden vivir solo de la luz solar. Pero mantener este sistema, con apenas 40 trabajadores, era insostenible: la mitad de la plantilla ha sido recolocada, el resto se ha ido tras acuerdos con la empresa.
La aventura solar para hogares ha sido, desde el principio, un agujero negro financiero para EDP. En sus propias cuentas, la compañía reconoce que los flujos de explotación fueron negativos tanto en 2022 como en 2023. Ni siquiera durante el boom post-pandémico lograron ver beneficios. Eso sí, el fondo de maniobra pasó de ser negativo (-5 millones) en 2022 a positivo (44 millones) en 2023, gracias a la financiación interna del grupo. Pero eso solo les sirvió para evitar una crisis de liquidez, no para justificar la viabilidad del negocio.
Porque si algo ha dejado claro este caso es que el autoconsumo en hogares, aislado y sin un ecosistema más amplio, no es rentable. Y no lo es, entre otras cosas, porque desde 2023 los precios de la luz se han desplomado. Comprar electricidad en el mercado mayorista vuelve a ser más barato que montar una instalación solar en casa.
A diferencia de EDP, otras compañías siguen apostando —aunque de forma matizada— por mantener su oferta solar residencial. Iberdrola, Repsol y Naturgy continúan explotando esta opción, pero dentro de un paquete multienergético. Es decir, lo mantienen no porque sea rentable en sí mismo, sino porque les ayuda a fidelizar al cliente y venderle todo el catálogo: luz, gas, mantenimiento, etc.
Peor les va a los que nacieron con la misión única de solarizar España. Holaluz, por ejemplo, que lideró la llamada «revolución de los tejados», lleva tiempo enfrentando dificultades para sostener el modelo únicamente desde la comercialización. Sin respaldo financiero de una gran matriz y con márgenes tan finos como una célula fotovoltaica china, el futuro para estas startups verdes no pinta mucho mejor.
Curiosamente, EDP seguirá ofreciendo este mismo servicio en Portugal. ¿Por qué allí sí y aquí no? Sencillo: en su mercado de origen pueden permitirse mantener líneas de negocio no rentables como parte de una estrategia a largo plazo. Pero en España, donde no tienen la misma cuota ni el mismo margen de maniobra, han optado por cortar por lo sano.
Así, su actividad comercial se centrará exclusivamente en el sector corporativo, donde sí hay músculo financiero, estabilidad en el consumo y, lo más importante, márgenes que justifican la inversión.
Esta salida, sin aspavientos ni titulares alarmistas, encierra una pregunta que incomoda: ¿fue el autoconsumo doméstico una ilusión pasajera, empujada por el miedo al recibo eléctrico? O más aún, ¿estamos delegando nuestra independencia energética al marketing de empresas que en el fondo nunca quisieron que fuéramos autosuficientes?
El caso EDP es una lección incómoda. El autoconsumo, tal como se vendió, no era la utopía limpia y rentable que se nos prometió. Era una apuesta que solo funcionaba con tarifas desquiciadas y subvenciones generosas. Hoy, cuando el mercado se estabiliza, los números ya no cuadran. Y cuando los números no cuadran, la energía solar doméstica deja de ser una causa… y vuelve a ser un negocio. Uno que EDP ha decidido cerrar.
“No se renovarán los contratos tras esa fecha, por lo que el cliente deberá buscar un nuevo proveedor y firmar un nuevo contrato de energía”
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