
Europa marca un hito energético: la solar ya genera más electricidad que el carbón. ¿Cómo afecta esto a la energía en la UE?
La energía solar ha ganado la carrera. No con estruendos ni fanfarrias, sino con la silenciosa certeza de los datos: en 2024, por primera vez en la historia de la Unión Europea, la electricidad generada a partir del sol ha superado a la del carbón. Un sorpaso energético que marca el ocaso de la era fósil y la consolidación de una transición que hasta hace poco parecía una utopía para ingenuos. Lo dice el informe de Ember, un grupo de expertos que no se anda con especulaciones: el 11% de la electricidad europea provino del sol, mientras que el carbón, relegado a una lenta agonía, cayó por debajo del 10%.
Hace cinco años, cuando la UE se lanzó de cabeza al Pacto Verde, muchos vaticinaban un desastre energético. Decían que la eólica y la solar eran meros caprichos de burócratas iluminados, que la transición sería un lastre económico y que, en el mejor de los casos, las fósiles seguirían dominando el tablero durante décadas. Hoy, esos mismos argumentos parecen salidos de un panfleto rancio. La realidad es que las renovables han alcanzado el 47% del mix eléctrico europeo, mientras que los combustibles fósiles han quedado reducidos a un menguante 29%. Y no hay que ser adivino para ver por dónde van los tiros.
En 2024, por primera vez en la historia de la Unión Europea, la electricidad generada a partir del sol ha superado a la del carbón
La eólica, con su constancia impasible, lleva años soplando a favor del cambio. En 2024, volvió a generar más electricidad que el gas por segundo año consecutivo. La hidráulica, a menudo eclipsada en este tipo de debates, creció casi un 10%, alcanzando un 13,2% de la electricidad total. Mientras tanto, el carbón sigue su descenso sin frenos: del 11,8% de la electricidad en 2023 ha pasado a un modesto 9,8%. El gas, ese combustible que se nos vendió como «el mal menor», tampoco levanta cabeza y cae del 16,9% al 15,7%.
Incluso la energía nuclear, que parecía condenada a una extinción discreta, ha logrado una leve recuperación. Tras años de declive desde 2014 y un desplome en 2021, ha pasado del 23% en 2023 al 23,7% en 2024. ¿Un último suspiro antes de la despedida o un renacer silencioso? Eso aún está por verse.
Si hay un país que ha sacado pecho en esta transformación, es España. La energía solar ha pegado un salto colosal, generando el 21,5% de la electricidad en 2024, frente al 17% de 2023. Un crecimiento del 23%, el mayor de toda la UE. Hablamos de 11 teravatios más que en el año anterior, alcanzando casi los 60 TWh. Mientras tanto, las fósiles en España se han desplomado: del 37% de la generación total en 2022 al 28% en 2023, y ahora al 23% en 2024. En otras palabras, la transición energética en la península no es solo una promesa; es un hecho consumado.
Sin la energía solar y eólica, la UE habría tenido que importar 90.000 millones de metros cúbicos adicionales de gas fósil y 55 millones de toneladas de carbón, con un coste de casi 60.000 millones de euros
El informe de Ember no deja espacio para la nostalgia: el carbón ha pasado de ser la tercera fuente de energía más importante de la UE en 2019 a la sexta en 2024. No es una simple caída, es un destierro energético. Y el golpe de gracia lo han dado la solar y la eólica, que no solo han hecho posible este cambio, sino que han reducido la dependencia europea de los combustibles fósiles importados. Sin ellas, la UE habría tenido que comprar 90.000 millones de metros cúbicos adicionales de gas fósil y 55 millones de toneladas de carbón. ¿El coste de haber seguido anclados en el pasado? Casi 60.000 millones de euros. Nada más y nada menos.
Pero antes de que empiecen las celebraciones, una advertencia. El Dr. Chris Rosslowe, analista principal del informe, es tajante: “Si bien la transición eléctrica de la UE ha avanzado más rápido de lo que nadie esperaba en los últimos cinco años, no se puede dar por sentado que habrá más avances”. No se trata de una batalla ganada, sino de una carrera en la que cualquier tropiezo puede salir caro.
La Dra. Beatrice Petrovich, investigadora del Oxford Institute for Energy, subraya que el futuro sigue siendo incierto. Sí, la UE está encaminada hacia un sistema energético más limpio y seguro. Sí, la dependencia de los combustibles fósiles se ha reducido de manera drástica. Pero sin una acción política firme, sin una apuesta decidida por la electrificación y el crecimiento sostenido de las renovables, la competitividad europea podría resentirse.
Lo que está en juego no es solo el suministro eléctrico, sino el liderazgo energético en un mundo que cambia a velocidad de vértigo. La energía barata y estable es el motor de las economías modernas, y quienes se aferren al pasado quedarán atrapados en la irrelevancia. La UE ha demostrado que el futuro es renovable, pero la pregunta es: ¿seguirá avanzando o se conformará con lo logrado? Porque si algo nos enseña la historia es que, en la carrera por la energía, no hay espacio para la complacencia.
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