
LA SOSTENIBILIDAD COMO MANTRA EDUCACIÓN: ENTRE LA CONCIENCIA REAL Y EL GREENWASHING OBLIGATORIO
Sorpresa! La generación Z viene con el chip de salvar al mundo incorporado. Así, al menos, nos lo pintan en las universidades y en las páginas de marketing de los másteres, donde la palabra «sostenibilidad» ya no es solo un reclamo, sino el equivalente educativo al aguacate en la tostada: imprescindible para el branding y, de paso, para llenar aulas. Según Isabela del Alcázar, directora global de Sostenibilidad de IE University, esta generación “se caracteriza por un fuerte sentido de propósito y el deseo de generar un impacto positivo en el mundo”. En otras palabras: son los nuevos misioneros de la agenda verde, listos para salvar el planeta entre un TikTok y otro.
No todo es altruismo, claro. Gustavo Romanillos, coordinador del Máster en Ciudades Inteligentes y Sostenibles de la Complutense, se encarga de pinchar el globo. Según él, gran parte de esta fiebre sostenible tiene que ver con «un mandato impuesto» por la UE y su tsunami regulatorio. Traducción: cumplir o morir. Greenwashing, lo llaman cuando las intenciones no cuadran con los resultados.
No es de extrañar, dado que las universidades han tenido que adaptarse a un marco legal donde conceptos como la Agenda 2030, el Acuerdo de París y los Fondos Next Generation no son solo bonitas palabras, sino la hoja de ruta para la transición ecológica. Por eso, el mercado laboral busca desesperadamente perfiles que sepan lo que es un impacto ambiental más allá de un post en Instagram.
Hace tiempo, la sostenibilidad se limitaba a títulos como Ciencias Ambientales. Hoy, el panorama es mucho más variado y ambicioso. Ana M. Gómez, de ESIC University, recalca que ya no basta con entender el medio ambiente; ahora hay que considerarlo junto al desarrollo social y económico. Programas como el Máster en Ciudades Inteligentes de la Complutense no solo combinan disciplinas como Geografía, Arquitectura o Informática, sino que también se enfocan en soluciones multidisciplinares. Un cóctel educativo que promete formar «agentes de cambio».
La sostenibilidad es el nuevo mantra. Pero como todo mantra, su repetición constante corre el riesgo de vaciarlo de significado
Por otro lado, la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) ofrece desde grados en Tecnologías Ambientales hasta másteres en Contaminación de Suelos y Aguas Subterráneas. Según Miguel Izquierdo, responsable de esta titulación, sus programas abordan temas como energías renovables, gestión de residuos o impacto ambiental. Y, por supuesto, no falta la guinda tecnológica: IoT, software avanzado y proyectos prácticos con empresas del sector industrial. Porque ser sostenible ya no es suficiente; también hay que ser futurista.
La Universidad de Deusto no se queda atrás, con programas como ESG Investment and Finance, donde la sostenibilidad se viste de etiqueta financiera. Aquí los estudiantes aprenden sobre regulación bancaria, descarbonización y análisis financiero. Virginia Gómez, de Deusto Business School, asegura que incluso han rediseñado el Grado en ADE para incorporar modelos de negocio sostenibles. ¿Es esto el futuro? Quizás. O tal vez sea solo un modo elegante de preparar a los nuevos financieros para un mundo donde las empresas deben parecer éticas, aunque solo sea en sus informes no financieros.
El mayor reto, sin embargo, no está en las aulas sino en los muros que separan las disciplinas. Como advierte Romanillos, “venimos de siglos de compartimentación académica”. Y aunque ahora se habla de estudiantes multidisciplinares, la realidad es que muchos necesitarán formación extra para cubrir carencias específicas.
Gran parte de esta fiebre sostenible tiene que ver con ‘un mandato impuesto’ por la UE y su tsunami regulatorio
El mercado laboral es un reflejo de esta paradoja. Por un lado, están los perfiles técnicos que se colocan en consultoras tecnológicas e ingenierías. Por otro, los de ramas sociales o medioambientales que aterrizan en departamentos de innovación. Todos, eso sí, con una misma misión: descifrar los retos de un mundo que necesita ser salvado… o al menos parecerlo.
La sostenibilidad es el nuevo mantra. Pero como todo mantra, su repetición constante corre el riesgo de vaciarlo de significado. Las universidades, las empresas y los estudiantes están subidos a este tren, pero queda por ver si su destino es un cambio real o simplemente una nueva estrategia de marketing.
Mientras tanto, seguiremos viendo a las futuras generaciones sacar másteres con nombres rimbombantes, creyendo que salvarán el planeta. Y quién sabe, quizás hasta lo consigan. O al menos harán que todo parezca más verde de lo que realmente es.
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