
Día Mundial del Agua: ¿Privilegio o derecho amenazado?
Se supone que abrir el grifo y que salga agua potable es algo tan cotidiano que nadie debería estar celebrándolo como si fuera un regalo de cumpleaños, ¿verdad? Pero resulta que si, en el Día Mundial del Agua, hay que hacerlo. Porque la ONU, con su lema «Agua para la paz», no tiene más remedio que recordarnos que el cambio climático está convirtiendo el acceso seguro al agua en un lujo que solo unos pocos pueden permitirse. Según un informe de UNICEF y la OMS, más de 2.200 millones de personas no pueden abrir un grifo y beber agua sin arriesgarse. Así que, mientras tú ves este artículo desde la comodidad de tu casa en el primer mundo, imagina que cada vez somos menos los que tenemos ese privilegio.
¿Y lo mejor? Que todo esto solo empeorará. El cambio climático se ha propuesto en serio arrojarnos a una carrera hacia el fondo del pozo, y los conflictos por el agua se están convirtiendo en el deporte favorito de un planeta sediento. Así que hoy, la ONU usa su fecha para exigir cooperación internacional, como si pedir cooperación en este mundo cada vez más dividido no fuera ya de por sí un chiste negro.
Pero vamos al grano. Si ya de por sí la política internacional es un desbarajuste, cuando hablamos de agua, todo se vuelve aún más precario. La cuenca del Jordán, por ejemplo. Aquí el conflicto entre árabes e israelíes tiene un aderezo adicional: la lucha por cada gota del río. Pero esto no es solo un tema de Oriente Medio. No. El agua está creando tensiones en todas partes, y los expertos ya alertan que la competición por el líquido se va a volver tan cotidiana como las peleas de tráfico. António Guterres, ese veterano del discurso diplomático, ya lo decía con preocupación en su discurso del Día Mundial del Agua: “Nuestro planeta se está calentando”. Pero a ver, que esto lo sabemos todos. El drama es lo que eso significa: ríos secos o desbordados, sequías intensas y fenómenos meteorológicos que hacen que el clima parezca una ruleta rusa.
El agua, esa ‘cosa’ de la que todos dependemos para vivir, se está convirtiendo en el bien más escaso y caro
La ONU lleva celebrando este Día desde 1993, y cada año el mensaje se pone más urgente. Pero, ¿alguien escucha realmente? Nos avisan de que el agua está en peligro porque la hemos maltratado y consumido como si no hubiera mañana. Y, efectivamente, si seguimos así, no lo habrá.
Ahora bien, si piensas que todo esto es problema de los países «pobres», piénsalo de nuevo. El Informe de Evaluación Europea del Riesgo Climático (EUCRA) pone en evidencia que Europa no solo no se libra, sino que está en el ojo del huracán. Aquí nos estamos calentando a un ritmo 2,5 veces superior a la media global. ¿Lo has leído bien? ¡2,5 veces! Y si hacemos caso a las proyecciones del Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), para el final de este siglo Europa podría calentarse hasta siete grados más respecto a la época preindustrial. Siete grados más para el sur del continente, donde las sequías ya son el pan de cada día.
Nos estamos calentando a un ritmo 2,5 veces superior a la media global, y las sequías y conflictos por el agua no harán más que aumentar
El agua no solo está desapareciendo; también está inundando todo. En 2021, Europa vivió las inundaciones en Alemania y Bélgica que se llevaron más de 200 vidas y causaron pérdidas de 44.000 millones de euros. Luego, en 2023, Eslovenia, Grecia, y Turquía se unieron al espectáculo, con daños en infraestructuras, refugiados climáticos y cosechas arruinadas. 2024 recientemente en Albacete y Valencia con sus inundaciones por la DANA… Y aún así, las soluciones reales no asoman por ninguna parte.
António Guterres, claro, no podía dejar pasar el Día Mundial del Agua sin hacer un llamamiento. Y lo hace porque, en el fondo, ¿qué otra opción le queda? Su mensaje es claro: los países deben unirse al Convenio del Agua de las Naciones Unidas y ponerse manos a la obra para gestionar los recursos compartidos. Pero, ¿alguien le hará caso? Si la ONU misma reconoce que el agua es fuente del 70% de las muertes relacionadas con desastres naturales en los últimos cincuenta años, ¿qué estamos esperando para actuar? Porque aquí no solo están en juego la salud y el medio ambiente; también está la economía, la alimentación, y en última instancia, la paz.
El agua, esa «cosa» de la que todos dependemos para vivir, se está convirtiendo en el bien más escaso y caro. Y mientras unos discuten si el cambio climático es real, otros sufren por su falta. Deberíamos dejar de ver este recurso como algo garantizado y empezar a entender que, al ritmo que vamos, más vale que empecemos a hacer las paces por cada gota.
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