
LA GUERRA SECRETA POR LA LLUVIA: ¿NOS ROBA MARRUECOS LA HUMEDAD?
Marruecos, ha decidido experimentar con la ingeniería climática. Ya han realizado al menos 121 operaciones de «siembra de nubes» y, con más de 10 millones de euros anuales invertidos, este país no parece estar jugando. Mientras tanto, en Murcia, los agricultores se muerden las uñas y rezan a San Isidro, porque aquí nadie sabe bien qué demonios están haciendo los vecinos del sur con sus experimentos.
Vamos por partes. Sembrar nubes no es, como suena, una variante celestial de la jardinería. No consiste en hacer crecer nubes de la nada, sino en «optimizar» la lluvia. O sea, aprovechar esas nubes coquetas que rondan por el cielo y, usando productos químicos como yoduro de plata o cloruro de sodio, hacer que se precipiten en forma de agua. Para ser más gráficos: es como ordeñar una nube a base de química. Marruecos quiere que sus nubes suelten la lluvia antes de tiempo, aunque el problema es que, en principio, el Levante español (y Murcia en particular) podría quedarse sin su ración de humedad.
Y aquí está la raíz del pánico murciano. Con la sequía dándoles más caña que a los tomates del campo, en Murcia están inquietos. ¿Se están quedando con nuestro agua los marroquíes? Es decir, si Marruecos anda jugueteando con la geoingeniería, ¿no podría esto afectar al clima español? A nivel teórico, podría. En la práctica, la historia es otra. Para empezar, «sembrar nubes» no es el truco mágico que parece. Es carísimo y los resultados son, en el mejor de los casos, discretos. Es como comprarte un Ferrari para que lo conduzca tu perro.
Marruecos quiere lluvia; Murcia, respuestas. Y en el medio, estamos todos mirando al cielo, esperando que no se lo queden todo ellos
Además, el clima no entiende de fronteras ni banderas. Los «ríos de humedad» que cruzan Marruecos y acaban en España son escasos y, hasta ahora, insignificantes en lo que respecta a nuestros recursos hídricos. Entonces, ¿por qué tanto ruido? Pues porque, aunque lo que hace Marruecos no parece demasiado preocupante hoy, el mañana podría ser otro cantar.
Como avisa Juan de Dios Hernández, presidente de Asaja, «estas operaciones científicas» se están haciendo con nocturnidad y secretismo, y ya sabemos lo que pasa cuando se juegan a ser dioses del clima sin que nadie mire.
No tenemos suficiente legislación internacional para asegurar que este tipo de ‘geoingenierías’ en unos sitios no acaben afectando al resto
La verdadera preocupación es que la legislación internacional está más verde que los campos de Murcia en pleno agosto. No hay reglas internacionales claras sobre quién puede jugar con el clima y cómo. Y lo que hoy es un juguete caro y poco efectivo, mañana podría convertirse en una herramienta que cambie el panorama climático de regiones enteras.
Entonces, ¿tenemos que temer a Marruecos? No tanto. De momento, la ingeniería climática es más ciencia ficción que una amenaza real. Pero ojo, la ciencia ficción tiene la manía de convertirse en ciencia. Y eso nos lleva a un escenario en el que, si no empezamos a poner las cartas sobre la mesa, puede que acabemos lamentando nuestra dejadez.
Marruecos quiere lluvia; Murcia, respuestas. Y en el medio, estamos todos mirando al cielo, esperando que no se lo queden todo ellos.
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