
HUERTOS URBANOS, EL REGRESO DEL CULTIVO CASERO O CÓMO LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL CONVIRTIÓ NUESTRAS TERRAZAS EN CAMPOS DE BATALLA ALIMENTICIA
Ah, los huertos urbanos. Tan modernos, tan «green». Ese oasis vegetal en medio de la jungla de cemento, el hobby perfecto para el ‘millennial’ con complejo de granjero. Pero la realidad detrás de estos mini cultivos es más cruda, que el tomate que te sale la primera vez que decides hacer tu propio huerto en el balcón.
De hecho, esta moda que hoy vemos en terrazas chic y blogs de «eco lifestyle» nació en uno de los momentos más oscuros de la historia: la Segunda Guerra Mundial. En aquellos días no había influencers con cestas de mimbre, sino racionamiento y una necesidad real de sobrevivir. Los «Victory gardens» (o “War gardens”, por si el nombre no era lo suficientemente obvio) surgieron en Estados Unidos para asegurar que, con o sin bombardeos, la comida llegara a la mesa. Durante ese periodo, hasta un 40% de los alimentos consumidos venían de esos huertos urbanos. Así que, si pensabas que esto de cultivar tus propias zanahorias en casa era una opción, estás equivocado: en aquellos días era pura supervivencia.
Durante la Segunda Guerra Mundial, hasta un 40% de los alimentos consumidos procedían de los huertos urbanos
Pero, claro, después de que los tanques se retiraron y la paz volvió a reinar, la moda del huerto urbano cayó en el olvido. ¿Quién necesita plantar patatas en el patio cuando los supermercados lo hacen todo por ti? Sin embargo, como todo lo vintage, los huertos urbanos regresaron. En los años 60, esos mismos huertos se reinventaron con un toque rebelde. De la mano de los movimientos ecologistas y antisistema, los huertos caseros pasaron de ser una herramienta de guerra a una declaración política. Era su manera de decirle al sistema: «no me controlas, yo planto mis propios tomates».
Hoy en día, los huertos urbanos han dejado de ser el grito antisistema de los sesenta para convertirse en el capricho burgués del siglo XXI. En lugares como Estados Unidos, Alemania o Reino Unido, cualquier espacio es bueno para plantar tus lechugas: desde campos de fútbol hasta parques, pasando por jardines municipales. Incluso en países como Cuba, que siguen atrapados en una realidad de necesidad más que de moda, los huertos urbanos son una respuesta a la escasez.
Pero en las sociedades «desarrolladas», el huerto urbano es una forma de escapar de las largas colas en el supermercado y del asfixiante dominio de las grandes superficies. Ya no es cuestión de sobrevivir, es cuestión de elegir, de darle un toquecito de autenticidad a tu menú. Porque, claro, nada dice «hecha a mano» como un calabacín que te has currado tú mismo en la terraza mientras esperas tu siguiente reunión de Zoom.
Los huertos urbanos han pasado de ser una herramienta de guerra a una declaración política y, ahora, a un capricho burgués
Si quieres unirte a la moda de los huertos urbanos, tendrás que preparar un plan de batalla. Para empezar, necesitas un espacio que reciba la mayor cantidad de luz directa posible. Aquí no basta con la intención, amigo, el sol es esencial si quieres que tus zanahorias crezcan y no se queden en un proyecto fallido.
Si tienes una terraza o azotea, estás de suerte. Si no, siempre puedes montarte el chiringuito en un balcón o frente a una ventana con mucha luz, gracias a los ingeniosos huertos verticales que parecen sacados de un catálogo de Ikea. El espacio no es excusa, puedes usar desde macetas hasta los típicos recipientes de yogur para plantar las semillas. Lo importante es que te armes de paciencia, porque cultivar en la ciudad no es tan idílico como lo pintan.
En cuanto a la tierra, ni se te ocurra usar cualquier cosa. Necesitarás un buen sustrato vegetal y si quieres ponerte ecológico de verdad, abonos orgánicos. ¿El objetivo? Fomentar el reciclaje y asegurarte de que tus verduras sepan mejor que las del supermercado. Para el riego, puedes ser purista y hacerlo a mano, pero si eres más de playa y menos de regadera, un sistema de riego automático te puede salvar las vacaciones.
Haz que tus productos y servicios sean visibles para quienes valoran el cuidado del planeta, conecta con nuevas empresas y consumidores responsables mostrando el compromiso ecológico de tu negocio. Contribuyamos juntos a un entorno más saludable y próspero para las próximas generaciones

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